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Pavotes graciosos y valientes

  • Foto del escritor: Francisco Escolar
    Francisco Escolar
  • hace 6 horas
  • 2 min de lectura

La sensación es que el mundo se puso feo mister; la vida sigue y las cosas hermosas no dejan de nacer pero todos tenemos un límite, una identidad, una cantidad de veces que podemos enamorarnos, emocionarnos, y renacer en una nueva pasión antes de perdernos por completo. Nos formamos con una cultura (tu cultura) y morimos un poquito cada vez que esa cultura se

oxida y se pierde.


Fuiste mi refugio, el de todos nosotros, desde que Juan (mi hermano mayor) me llevó a verte en el último concierto que nos regalaste allá por el 2017. Y hablo de nosotros, de los que disfrutamos del amor sin conveniencia, del mate que pasa de mano en mano entre extraños, del todo por dos pesos y que siempre ponemos un par de rocanroles para seguir tirando; nosotros, los que -aunque el mundo, triste y sin imaginación, nos condene- seguimos copando la calle para hacer una fiesta popular (tu fiesta popular) y brindar a tu salud.


Para mi sos el símbolo de una lucha mucho más profunda, más difícil de entender, que las luchas políticas clásicas. Porque en esta tradición que creaste se esconde un estilo de vida que desafía la norma sin necesidad de transgredirla, porque no hace de la rebeldía un acto violento sino uno de amor, de encuentro. Y eso es lo que más les jode, les jode porque lo envidian sin siquiera entenderlo; y ahí los tenés, a los mediocres aspiracionales que se mueren por encontrar delitos y peligros en nuestros rituales mientras respaldan genocidas desde sus barrios serenos y custodiados.


Participar de una misa es entregarse, es habitar el espacio resignando por un ratito el tiempo, el apuro; es disfrutar de ser y nada más en un mar de gente que sólo está para el disfrute, donde todo se comparte porque tu fiesta indio, nuestra fiesta, perdería sentido en soledad.


Yo no soy pesimista sobre el futuro: la humanidad siempre va a inventar maravillas -otras- que van a marcar a generaciones enteras -otras generaciones- y hacerlas sentir cosas que no van a poder encontrar en ningún otro lado. Pero sí creo, como decía al principio, que uno tiene una cantidad limitada de maravillas en la vida, y que con vos se va una que muchos sin duda no vamos a poder igualar nunca; con vos todos nosotros morimos un poquito también. Por eso gracias Indio, de verdad.


Disfrutá los placeres, que todo el sueño quedó en manos de pavotes

graciosos y valientes.

 
 
 

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