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Amenazas de tiroteo en los colegios ¿qué está pasando?

  • Luan Aciar - Frente Secundarios
  • 4 may
  • 5 Min. de lectura

El 30 de marzo de este año ocurrió un tiroteo escolar en Santa Fe, en la localidad de San Cristóbal. Un estudiante conocido como G.C. entró a su institución con una escopeta y, en lugar de entrar a clases, se escondió en el baño para instantes después dispararle a Ian Cabrera, quien falleció en el acto, y a 8 estudiantes más que sobrevivieron. Se dice que quien cometió el crimen era víctima de bullying.

Tras este evento, el 15 de abril empezaron a aparecer amenazas de tiroteo en más de 50 colegios únicamente de la capital federal, y a lo largo y ancho del país suman más de 200 escuelas. Todas estas amenazas estaban fechadas para los días 16, 17 y 20 de abril; algunas de estas contenían amenazas a alumnos específicos con nombre y apellido y, si bien ninguna se concretó, se encontraron estudiantes armados en algunos colegios. Esto generó mucha preocupación no solo para los estudiantes de toda la nación sino también para las familias. En respuesta, entre los estudiantes, organizamos un paro estudiantil para el día 17 de abril por la seguridad de todos.

Ante esta situación hubo directivos que trataron de encubrir las amenazas o simplemente no hicieron nada, otros activaron un protocolo para que haya personal policial en la puerta de los colegios. Aun cuando la razón por el paro fue de conocimiento nacional, no nos justificaron la falta de ese día y, mientras que ellos hacían esto, fuimos nosotros, los estudiantes, quienes tuvimos que contener a nuestros compañeros, cosa que según el reglamento escolar es responsabilidad del Departamento de Orientación Escolar (DOE) y de los docentes en general. Por parte del ministerio solo salió un protocolo que dice, literalmente, “sugerir (al estudiante) que retire el dedo del gatillo”. Por su parte, los medios de comunicación decidieron minimizar todo esto a que solo es un trend de TikTok, un chiste entre compañeros o algo para evitar las clases o exámenes, ¿pero qué es lo que realmente está pasando?

Hoy en día hay casos como el de Maitena Garofalo (14), a quien encontraron sin vida en un descampado, casos como el de Santa Fe, que demuestran la pobre salud mental que hay en los secundarios, ejemplos que la misma reforma de Buenos Aires Aprende reconoce, al decir que uno de cada 3 adolescentes se autolesionan. No hay una herramienta de contención a la altura. Si bien existe el DOE, hay una gran disconformidad de parte del estudiantado debido al mal funcionamiento de este, muchos de nosotros tenemos anécdotas o tenemos amigos que las tienen donde rompen el secreto profesional, responden cosas que no corresponden, casos súper serios donde no actuaron o, como se mencionó anteriormente, ante las amenazas de tiroteos no hicieron absolutamente nada. Generalmente, por parte del estudiantado, hay una incertidumbre sobre cuál es su trabajo, ya que a veces te dicen que su responsabilidad es contener, a veces no, en ciertas páginas pone que sí y en otras que no. Creemos entonces que, más allá de que sigan o no este reglamento, al DOE le hace falta una reforma.

A todo esto también hay que sumarle que la educación está desfinanciada. Según la ley de financiamiento educativo (2005) el 6% del PBI tiene que ir destinado a la educación, pero en 2026 están destinando únicamente el 0,75%. También que generalmente suelen haber solo 3 profesionales de la salud mental sin importar la cantidad de estudiantes: hay colegios donde son 3000 alumnos con tan solo 5 profesionales que obviamente no dan abasto con tantos casos.

Quiero que también tengamos en cuenta en qué contexto creció la generación de la que estamos hablando, ya que no todas las generaciones tenemos los mismos conflictos, no es lo mismo tener 15 en los 90s que tener 15 en el 2020. Es una generación que creció con la vista de todo el mundo, momentos íntimos de nuestras vidas fueron expuestos en las redes, hoy en día casi todo lo que hagamos lo ve mucha más gente de la que creemos y no podemos tener ningún control sobre eso; por poner un ejemplo, no es lo mismo caerte en la calle y que lo vean 20 personas como pasaba antes, a caerte, que lo suban y lo vean 20.000 como pasa hoy. Esto generó una generación con muchísima ansiedad social, donde los adolescentes en vez de salirse del molde como pasaba hace unos años, eligen quedarse en lo neutro y “correcto” por miedo a dar “vergüenza ajena”, tal y como lo vemos en pibes que lloran antes de ir al colegio, que piden cambios de curso/colegio, sufren bullying o se sienten juzgados todos los días en el marco de colegios que no solo no hacen nada la mayoría de las veces sino que también van a contramano del contexto. Hay un nuevo régimen de faltas que indica que si faltas más de 5 veces por bimestre te quedas libre, régimen que obviamente no contempla un montón de cosas y en donde la falta únicamente se justifica si hay certificado médico (y donde aun con este no justifican más de 3 faltas). También es una generación que creció en un momento donde se le fue de cierta manera impuesta una forma de pensar mucho más progresista.

Pero, a pesar de todo, sigue siendo un hecho que el adolescente tiende a rebelarse contra las normas establecidas y hoy llegó una persona al poder que se rebela contra estas normas, una persona súper violenta que legitima los discursos de odio llamándolos libertad, una persona que reivindica formas de pensar conservadoras y violentas que claramente van en contra de lo establecido. El hecho de que se rebele contra esa forma de pensar con la que creció esta generación hizo que una gran parte se sienta representada y que reivindicar esa forma de pensar conservadora y de algún modo violenta se sienta como si fuera una nueva forma de revolución.

Los síntomas de todo esto se muestran en la pobre salud mental de nuestros pibes y en toda la violencia que hay dentro de cada colegio, porque esto no empezó ahora, casos así pasan desde hace mucho pero en barrios principalmente de clase baja, fue a partir de que tocó a la clase media que esto empezó a ganar reconocimiento y no hay que llamarlo chiste, ni trend, ni que estamos tratando de evitar las clases. Es una problemática que compartimos casi todos los estudiantes, de la que aparte los que son realmente responsables de nuestra seguridad y bienestar se desentienden totalmente y nos están queriendo tratar de culpables, sin pensar que un día ese pibe que hoy llora antes de ir al colegio el día de mañana podría ser un hermano, un hijo, un sobrino o un nieto. Por eso los estudiantes nos organizamos para reclamar nuestra seguridad y un espacio de contención que sea real y eficiente.

 
 
 

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