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NO FUE UN MILAGRO

Foto del escritor: Germán Castelli
Germán Castelli
hace 3 horas
4 min de lectura

Actualizado: hace 2 horas

La histórica remontada de Lula en Brasil nos deja algo más que un resultado electoral: una enseñanza sobre la organización, la militancia y la tarea que tiene por delante el peronismo argentino. Lo que se vivió en Brasil los últimos días es difícil de explicar con palabras. Hay cosas que, para entenderlas, hay que vivirlas; pero vamos a intentarlo.


Hace apenas 3 semanas, el Partido Liberal (PL) se imponía sobre el Partido de los Trabajadores (PT), sacando una ventaja electoral de poco más de dos millones de votos. Si bien el resultado parecía marcar una tendencia y la ubicación en el espectro ideológico de los demás partidos que participaban de la elección era más cercana al bolsonarismo, la militancia en ningún momento dejó de creer que realizar la hazaña era posible.


Desde que aterrizamos en Brasil, los compañeros y compañeras del PT -después de estos 5 días ya amigos y amigas- lo único que nos transmitieron fue mística: esa que tanto nos hace falta a los argentinos y peronistas, mística ganadora. Hace mucho que no veíamos tanta gente, tanto pueblo organizado por un objetivo en común: no dejar que la mafia, el crimen organizado, los imperios tecnológicos y los aceleracionistas antihumanistas volviesen a conducir los destinos de Brasil y, sobre todo, de Latinoamérica entera.


La gesta de Lula es extraordinaria e histórica por donde se la vea. El Domingo logró dar vuelta un resultado muy adverso -históricamente, en Brasil, quien gana el primer turno se impone en el Balotaje-, logrando derrotar al PL por más de 4 millones y medio de votos, reafirmando así la conducción política de todo el campo progresista/popular, ya no solo en Brasil, sino también colocándose como principal líder histórico del siglo en todo el continente.


Desde lo personal, uno no se imagina estar tan cerca de la historia, mucho menos mientras la misma se materializa, en vivo y en directo. Lo que se vivió en el búnker de campaña el Domingo por la noche es de esas cosas que te vas a acordar toda tu vida: la felicidad de los compañeros y compañeras del PT, desde funcionarios de primera línea hasta militantes de base; sin pulseras, sin cintas, sin vips; el salón donde Lula dió su discurso, ya como presidente electo, reventado de militancia; los esquemas de seguridad sin dar abasto; el presidente siendo recibido, abrazado y besado por todo aquel que se cruzase en su camino. En fin, algo parecido a como debe ser la militancia. En el momento en que Lula finaliza su discurso -que, dicho sea de paso, nos deja mucho para pensar-, por esas casualidades de la vida, la misma marea de gente me deja cara a cara con el primer mandatario sobre el escenario y, entre brazos, flashes y gritos, logramos mantener una conversación de por lo menos 5 segundos, donde el mensaje fue muy claro: el año que viene nuestra única tarea en nuestro país es sacar a Milei para volver a poner un presidente del campo nacional y popular -pido perdón aquí a mis compañeros de La Efervescente: me fue imposible en ese momento darle el presente que le habíamos preparado, pero no tengo dudas de que ya habrá otra oportunidad-.


El proceso de los hermanos brasileños tiene que ser nuestro faro de cara al año que viene. Tenemos que encontrarle, como peronistas, el agujero al mate y lograr la síntesis que mejor nos represente, ya sea a través de un gran consenso o de una gran interna, pero debe ser de cara a la militancia, no en habitaciones cerradas, en oscuros subsuelos de la política, porque volver a esos lugares nos va a dejar a merced de una muy probable nueva derrota electoral. El espaldarazo que nos da la victoria de Lula en Brasil tiene que ser fundamento de nuestra victoria electoral el año que viene. La discusión ya no es entre la izquierda y la derecha: es democracia o antidemocracia; los ejes se corrieron y los límites se esfumaron. Es nuestro deber histórico, como militantes políticos, hacer lo que haga falta, para volver a pintar una escena que nos encuentre como conductores de los destinos de nuestra patria y de nuestra región.


Démosle bola a la militancia y hagámosla parte del proceso. El ejercito de Lula, a través de un canal de WhatsApp con más de once millones de brasileños, comandado por el diputado lulista André Janones, durante estas tres semanas logró virar el voto de casi 5 millones de personas -logrando obtener 10 millones de votos más que hace 3 semanas-. Por supuesto que para conducir y convencer hay que tener no solo con quien, sino también con que, y es ahí donde reafirmamos nuevamente: tenemos la obligación moral e histórica de construir un proyecto político que vuelva a gobernar la Argentina.


No se trata de copiar una experiencia extranjera, ni de creer que lo que funcionó en Brasil necesariamente va a funcionar acá. Se trata de recuperar algo que el peronismo supo tener como pocas fuerzas políticas en la historia: la capacidad de organizar, entusiasmar y movilizar a millones de argentinos detrás de un proyecto colectivo. De volver a creer que podemos ganar, pero sobre todo, de darle motivos a nuestro pueblo para que vuelva a creer en nosotros. Quiénes crean que el PT gana por simple estrategia comunicacional están ignorando el elefante en la habitación: más de 30 millones de brasileños dejaron de ser pobres en los -hasta ahora- tres gobiernos de Lula.


Ojalá el año que viene nos encuentre a las puertas de una nueva victoria electoral; ojalá podamos replicar (a la argentina) algo de lo que ocurrió en Brasil, y ojalá que sea el comienzo de un cambio de ciclo para la historia de nuestro país. Desde La Efervescente haremos todo lo que esté a nuestro alcance -y más-, desde los colegios secundarios, las universidades, las ollas populares, los roperos solidarios, los centros culturales y cada espacio de militancia en el que nos toque participar, para poder volver a vivir en una Patria más justa, libre y soberana; en un país mas humano, sin presas políticas, sin mezquindades ni crueldad, sin recelo por la comunidad. En definitiva, una argentina para los argentinos, aquello que tanto se esfuerzan algunos por impedir.

 
 
 

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