“Día de la raza” Una disputa sobre la memoria.

Desde hace años conmemoramos el 12 de octubre como el “Día del respeto a la diversidad cultural”. En 2010, con el gobierno de Cristina, se decidió resignificar un día que destacaba el “descubrimiento” de América antes de entender que esta misma ya estaba habitada y llena de cultura previo a la llegada de Colón.
El cambio nace a partir de un reconocimiento de la diversidad en Argentina. Somos una nación variada, con influencias de todas las partes del mundo, y limitarnos a una descripción anticuada de cómo se llama al Día de la diversidad cultural no es solo un cambio de nombre, es una reconceptualización estatal de cómo entendemos la historia. No es solo una disputa por el presente, es una discusión de cómo recordamos nuestro pasado. Elegir qué recordar, y con qué palabras, es una construcción de identidad.
Este año, tras años del gobierno hablando de la hispanidad, Javier Milei decidió volver atrás y recuperó el nombre de “Día de la raza”. Y, para sorpresa de nadie, este gobierno busca devolvernos a una época dónde los colonos son el centro de la discusión, y no las comunidades que eran protagonistas de nuestra tierra antes de la llegada de ellos. Un gobierno que además quiere formar parte de un estilo de vida que no es nuestro y que solo responde a los Estados Unidos y a sus políticas coloniales de antaño; que solo beneficia y permite vivir a los más ricos o los que puedan rendirse ante ese modelo hecho para unos pocos.
No es la primera vez que el gobierno de Milei atenta contra la identidad argentina, podemos verlo en su discurso sobre las Malvinas, dónde promueve la idea de que sus habitantes deben percibirse argentinos a través de un referéndum, ignorando que estos mismos fueron impuestos por la potencia británica sin dejar lugar a sus ciudadanos originarios. Los cambios de nombre que llevó a cabo como la modificación del Centro Cultural Kirchner a su nuevo nombre Palacio Libertad solo demuestran el intento de esta gestión de borrar las partes del pasado que no sirven a su narrativa.
Mirando en retrospectiva, no es tan extraño el odio desmesurado que sufrió Argentina tras el mundial de fútbol, una nación calificada globalmente como racista acompañada del discurso de un presidente que vuelve a poner la “raza” sobre la mesa. Defender una nación históricamente progresista en derechos de tercera generación queda anticuado cuando la gestión actual retrocede en todos los discursos que nos caracterizaban.
Utilizar el término “raza” no esconde solo racismo, sino que refuerza una idea de segregación anticuada que ignora por completo que es solo una construcción social sin fundamentos biológicos. Una expresión que nos coloca no como autodeterminados, tal como expresa la Constitución Nacional, sino que como sumisos a un sistema y a una expresión errónea de nosotros como argentinos. Una visión alejada por completo de lo que representan nuestra Patria y nuestros valores.
No somos argentinos por dónde venimos, sino porque lo sentimos. Argentina no es solo un país, es una identidad variada, llena de cultura, y no vamos a permitir que ningún cipayo o extranjero defina quiénes somos, que divida una nación formada desde la diversidad. Hoy más que nunca, llamémoslo por su nombre, “Día del respeto a la diversidad cultural”.



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