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Memoria y organización para construir futuro

  • Foto del escritor: Rocio Muzzu - Frente Universitario
    Rocio Muzzu - Frente Universitario
  • 17 nov 2025
  • 3 Min. de lectura

El 17 de noviembre de 1972, tras casi dos décadas de proscripción, Perón volvió a una Argentina atravesada por la crisis económica, la represión y la inestabilidad política. Contra la lluvia persistente y un operativo militar que buscó frenar la movilización,  una multitud se abrió paso a Ezeiza. Para muchos la vuelta del General parecía ya perdida en el tiempo; sin embargo, las huelgas, organizaciones juveniles en expansión, y un movimiento obrero que no se resignaba frente a la dictadura habían sentado las bases para hacer posible ese día histórico. Ese retorno no fue una concesión, sino el resultado de un pueblo movilizado que presionó, resistió y abrió el camino. 


En un presente signado por la crisis social y política, donde la incertidumbre y la preocupación se sienten en cada conversación, la militancia debe asumir una tarea central: poner el cuerpo, la palabra y el tiempo para impedir que sigan vaciando la política de sentido. Nuestro trabajo es sostener comunidad donde otros ven resignación, y no como un slogan, sino como la práctica cotidiana que nos ordena.  


Por eso lo que hacemos día a día en La Efervescente no es menor; es el modo en que le damos forma concreta a lo que creemos. Sostenemos una construcción que atraviesa los secundarios y las facultades, recorre centros culturales y llega a las comunas a lo largo de la ciudad. No militamos para figurar, militamos para acompañar, contener y cuidar, y lo hacemos con valores que respiramos todos los días: el compañerismo, la solidaridad y la decisión de poner el cuerpo en los momentos más difíciles porque del otro lado hay alguien que necesita esa mano. Así construimos organización, entendiendo que la política también se trata de responsabilidad compartida.


En esa constancia casi terca encontramos la fuerza para imaginar algo diferente, que nos permite hacer pie incluso en medio del clima de crisis. Dentro de ese tejido colectivo que construimos, las ollas populares, los espacios culturales, las aulas donde cuidamos y defendemos nuestra educación, las actividades que sostienen lo común, se vuelven refugio y motor para que nadie tenga que atravesar este momento en soledad.


Si seguimos militando en este contexto es porque entendemos que la tarea no se mide por resultados rápidos, sino por el compromiso de estar cuando más falta hace. El militante no trabaja para sí mismo, sino para la Patria que se construye cada día, incluso cuando parece desordenarse y aún más cuando la realidad nos aprieta. Servir a este proyecto es asumir que hay que sostener en los peores momentos lo que cualquiera sostendría en los buenos.


Nos celebramos también en la manera en que seguimos de pie con la certeza compartida de que no nos resignamos ni dejamos que la efervescencia de nuestras convicciones se apague. Este tiempo nos exige algo más que resistir, nos convoca a discutir con honestidad el proyecto que queremos, a dejar de lado cualquier inercia que limite y entender que la renovación no puede quedar postergada ni delegada. Tenemos la tarea de transformar la realidad, y desde ese compromiso aspiramos a una Argentina que abrace en lugar de expulsar, que genere oportunidades y no privilegios, que garantice derechos antes que desigualdades, y  somos parte de una generación que se propone estar a la altura de lo que soñamos para hacer posible ese horizonte.


 
 
 

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