TOLERANCIA CERO A LA TRANSFOBIA

De cara a la marcha anual LGBTIQ+ en la Ciudad de Buenos Aires —exactamente 5 días antes— nos encontramos ante un repudiable crimen de transfobia.
Se hizo viral en redes sociales que un grupo de entre 50 y 60 hombres atacó brutalmente a mujeres travestis/trans que trabajaban en las calles. Les tiraron piedras, les pegaron con palos, les escupieron, usaron pronombres incorrectos a propósito, las denigraron y las persiguieron: amenazaron su integridad, su vida y su derecho a ser quienes son.
Nuestra sociedad está construida ladrillo por ladrillo, persona por persona, acto por acto. Estos accionares nos acercan a una sociedad opresora, turbia, inclusive a una dictadura, si nos parece más repudiable alguien que ejerce su derecho a elegir su identidad de género y/o sexualidad que un presidente que constantemente agrede verbalmente a periodistas, mujeres y disidencias.
El caso se viralizó por internet, ya que los medios estuvieron ocupados opinando sobre la boda de Lali Espósito —una de las figuras populares que salió a hablar por lo ocurrido— y no se interesaron en cubrir y visibilizar la persecución totalmente violenta a un grupo vulnerable. ¿Esto no les suena?
Atrozmente, estos actos están avalados de manera indirecta por los discursos de odio que vienen de dirigentes y figuras públicas importantes, ya sea gente que ocupa cargos políticos o que se dedica a las redes sociales y los medios de comunicación hegemónicos. Del chiste, de la minimización, del humor negro y de la degradación al acto hay un solo paso, que cruzaron sin siquiera pensarlo.
Esto es un ataque directo a la comunidad, no solo al paraguas transgénero/transexual. Hacer un post, un retweet o un like no basta en estas situaciones. El repudio social debe estar acompañado de la creación de políticas públicas para amparar a las compañeras y demostrarles que en estas olas de odio no se encuentran solas.
Las mujeres transexuales, travestis y/o transgénero son, en su mayoría, trabajadoras sexuales porque se las rechaza abiertamente por su identidad. Ni siquiera el mismo gobierno cumple con la Ley de Cupo Travesti-Trans. Entonces, ¿cómo pretendemos enseñar educación y reducir los actos de violencia si tenemos un gobierno que los permite y fomenta?
A todes quienes estamos bajo el paraguas trans esto nos estremece, porque podríamos ser nosotres, porque somos nosotres. En Argentina, la expectativa de vida de las personas travestis-trans se estima entre los 35 y los 40 años, una cifra drásticamente inferior a la del promedio de la población general, que supera los 77 años.
¿Y por qué hay tanta violencia hacia las mujeres trans? ¿Cuánto machismo y misoginia hay en la cabeza de aquellos que prefieren apalear a quien no se identifica con su género asignado al nacer, en lugar de hacerlo con quienes ejercen dictaduras? ¿Dónde está el presidente, el gobierno nacional encargado de proteger a les vulnerables?
El gobierno de Javier Milei demostró no solo desinterés, sino también un total abandono de los grupos socioeconómicamente vulnerables. El pueblo, solo, debe defenderse y gritar ante las injusticias mientras volvemos a décadas impensadas. Donde las mujeres negras trans sostenían el movimiento, donde el sida era imparable, donde ser lesbiana arruinaba por completo tu vida, a los ataques masivos y estereotipos hacia la comunidad bisexual, al bullying y al uso constante de la palabra “maricón”. ¿Vamos a volver a tener que escondernos? ¿A volver a tener represión en las marchas LGBTIQ+? ¿Vamos a volver a los lesbicidios y a los ataques masivos a grupos trans?
Nos quieren intentar meter en los armarios, pero las maderas están rotas hace rato.
En el gobierno de Cristina de Kirchner se sancionaron leyes de Identidad de Género para protegernos, pero si tenemos un gobierno que nos quita inclusive el derecho a protestar, ¿cómo nos protegemos? ¿Quién es de confiar?
Existe la Ley de Identidad de Género y este acto de violencia transfóbica está completamente fuera del marco de la ley. Aun así, no hemos obtenido respuestas ni actualizaciones de figuras del poder o de la justicia misma. ¿Debe hacer el pueblo justicia por las compañeras? ¿El gobierno, una vez más, se creerá una monarquía y pasará por encima de una ley?
El 7 de noviembre nos cruzamos en las calles para celebrar nuestro orgullo, porque nadie debería tener que acostumbrarse a ser física y psicológicamente acosado por el simple hecho de ser quien es.
Este sábado nos vemos en las calles.



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